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Cada 28 de diciembre se celebra en el mundo el Día de los Santos Inocentes, como una fiesta durante la cual muchos hacen y reciben bromas. Pero se trata de una celebración, en principio, religiosa; y la Iglesia Católica la celebra a favor de los niños debido a las razones que dieron su origen.

Esta es la historia: Herodes temía por su futuro político y creía en peligro su reinado después de recibir a los "Magos", quienes -llegados de Oriente- buscaban al niño que se convertiría en rey para adorarlo.

Tras el nacimiento del Niño Jesús en Belén, el rey ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años de edad en la región de Judea, en un intento desesperado por eliminar al Mesías, como se lo habían presentado los Reyes Magos.

Pero cuenta el evangelista Mateo (2, 13-23), que el "Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 'Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto"; y permanece ahí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle'". 

Así que San José "se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes". La Sagrada Familia partió de este modo, logrando impedir la muerte del Hijo de Dios.

Desde entonces, la Iglesia conmemora todos los años a los Santos Inocentes. Con el tiempo, debido a razones culturales y folclóricas, adquirió en algunas regiones una connotación graciosa y en algunos casos eminentemente mundana.

En la Edad Media, algunos escritores cristianos calculaban la cantidad de niños asesinados entre tres y 15 mil, pero según versiones históricas, el censo ordenado por el gobernador Quirino indicaría que en Belén no había más de 800 habitantes.

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